martes, agosto 22, 2006

La vuelta al cole

Con Verito también de vacaciones pululando por los medios, la indolente vida transcurre plácidamente, sin alteraciones graves ni sobresaltos que reseñar. Aunque ahora nos levantamos un poco más tarde, sobre las ocho, el resto del día lo ocupamos haciendo las mismas cosas; desayuno en la terraza, leemos –ella está obsesionada con su Sombra del Viento y no parece que decaiga su interés – vemos películas, tomamos el baño en la cala, preparamos comidas naturales, y sobre todo dormimos infinitas siestas a todas horas. Yo terminé La muchacha de las Bragas de Oro de Marsé y ahora estoy con el Pedante en la Cocina de Julian Barnes y Persuasión de Jane Austen que vi aparecer anoche en la escena de un film y recordaba haberlo leído alguna vez; efectivamente busqué en la biblioteca y allí estaba camuflado entre mayores, con el lomo magenta y celeste de una edición barata de bolsillo.

A mí me ocurre que con el paso de los años olvido por completo el contenido de lo que leo, como una especie de reset que mi mente activa y que me viene desconcertando desde hace algún tiempo. Es como una limpieza de porquerias, una bajada de basura periódica para descargar el peso inservible acumulado en mi cerebro. O tal vez sea información útil que no soy capaz de retener como hacen los grandes hombres. A menudo pienso para qué demonios me sirve leer tanto. Dixie opina que mientras esté entretenido con las letras no ando molestandola como un niño a su madre. Dice que de este modo estoy tranquilo y no alboroto por la casa. Que para eso fundamentalmente sirven los libros. Que no me preocupe de más y siga con la lectura porque tiene que preparar la cena, luego atenderá mis cuitas.

Un día como el de hoy Verito nada más abrir los ojos se ha visto la película que anoche me vi yo, porque de noche se duerme nada más empezar los créditos, La casa del Lago; seguidamente desayunamos, luego un rato de lectura, bajamos a la playa, compramos por el camino en el Caprabo unos pimientos rojos que faltaban, para preparar una gloriosa crema de calabacín, que ha sido el menú del martes, hemos dormido la siesta, yo estirado en el sofá, Verito en la terraza. La he tenido que cubrir con la manta azul que nos regaló mi madre porque estaba tiritando de frío en la tumbona; Después con las bicicletas fuimos a dar un paseo hasta el Grao por el carril verde. A la vuelta paramos en la playa y tomamos el baño de la tarde.

Ahora que van a dar las nueve de la noche, con la luz apagándose por la sierra y los mercantes encendiendo la suya allá abajo sobre la línea del horizonte, vamos a cenar con la calma que sigue acompañando constante llevada por la brisa salada que sube desde el mar, en este verano que se nos está haciendo muy corto.

Lo bueno es que cuando termine el verano engancharemos con el otoño. Ya me estoy viendo cuando vuelva al trabajo. El disgusto por el final del periodo más deseado del año dibujado al carbón en las caras de mis compañeros. Y Pepe arengando a la tropa con su esperado –vamos a empezar con ganas que ya se acabaron las fiestas –y yo esta vez pensaré que para mi siguen indefinidamente, igual que empezaron, sin darme cuenta del cambio de estado, de sólido a sólido sin pasar por ser ni gas ni líquido. Permaneceré en mi espacio de ensueño disfrutando de la luz y del entorno, como diría un buen arquitecto. De hecho estoy tan anestesiado que no recuerdo qué día tengo que volver. Le mandaré un correo a la Patri que seguro que tiene la fecha grabada a fuego en su corteza cerebral.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

eo-eooooo pardaletsssss!!!
la vuelta al cole es el jueves día 30, pero con jornada intensiva, así que la reentré será suavesitaaaa!

besicos desde springfield!

patrick

marcialin dijo...

si,si, todo seguirá igual,os seguire incordiando , cuando pase por delante de vuestra casa y de vuestra playa , por si os veo jiji, aunque no os vea yo saludo igual jaja;
marcialin