lunes, junio 26, 2006

Don Simón y San Miguel, dos buenos amigos

Pasé la noche de San Juan entre el crepitar naranja de la madera devorada por el fuego y el perfume penetrante de la arena húmeda y salada, mientras una mano invisible daba la bienvenida ancestral al verano balanceando un botafumeiro invisible cargado con resina de pino, muebles secos y papel de periódico gastado. Mi cuerpo descacharrado recibió la temporada con Don Simón, San Miguel y otras personalidades de apellido inpronunciable y de baja estopa que la oscuridad tuvo a bien amagar entre bolsos nevera, bolsas de patatas y demás enseres campestres. Me bañé antes de la hora que la tradición marca como punto de partida del rito iniciático para reclamar deseos y parabienes, y es que los seres de moral distraída carentes de credo nos pasamos por el forro las costumbres para generar otras diferentes y así entretener al personal aburrido y deseoso de nuevas y excitantes experiencias. Hay que ser creativo, porque esto de saltar siete olas para obtener un regalo normal, nueve si la hembra requiere ser inseminada con éxito por un gañán empalmado o si un mocetón del norte aspira a ser asaeteado por otro chicarrón zaíno de calibre no-me-cabe-en-la-mano, y después dar siete vueltas a la hoguera para evaporar aguas acumuladas, a partir de las doce de la noche, siguiendo unas reglas tan estrictas no combina con mi carácter juguetón de rompepelotas, como diría la Verito, que por cierto, voló de cabeza vestida al agua del Mediterráneo en un despiste que tuvo. Quizás por pasar toda la santa noche del viernes ensopada la tengo con algunas décimas de fiebre convaleciente en la cama. Me ha pedido un Termalgín y le llevé el baúl entero donde guardamos la farmacopea y utensílios de vudú. Desconozco la función de la mayoría de las cajetillas exceptuando las tiritas, la cinta de esparadrapo y el algodón hidrófilo.

Pues eso, la playa se puso a reventar, y allí nos juntamos Manolete, un espíritu navegando con todo el trapo fuera contagiando alegría a sus chicos, Alberto, Marta, Manu y Johnny; Lola, Micky el trompeta y Cesar, que planeaba triste con el pensamiento alejado; Patri, Pedro y Anita la gatita valiente conversando sin parar; Pepe-kilómetros, Laura y Jose el Reciente agarrado a su bandolera cantando tangos y boleros; Berche acompañada de un Rabón espléndido, suelto y divertido que sucumbió a la tentación deshinibida de la risa sin cargas; Jorgito el corazón más grande con sus chicas Laura y Gloria; Jorge, con su mirada de lago risueño siempre atento, preparando con maestría la pira y Eleni dispuesta para casarse por tercera vez por amor, con su vestido de piel tersa y morena ante la mirada testimonial de miles de invitados a su boda en la tíbia madrugada de Benicassim.

Yo disfruté como nunca. Jamás me divertí tanto en esta noche repetida. Quizás mi cerebro embriagado impusiera su ley alterando la percepción real de los hechos. Pero pienso que no, que fue una velada mágica, sin puntos ni comas, una frase dictada sin respirar. Me gustó la compañía y me sentí feliz con el contacto físico, con el roce y los abrazos, con las vueltas alrededor del fuego caliente arrastrando los pies, con la toalla mojada sobre los hombros. Me maravilló la estampa de una costa sembrada con cientos de luces centelleantes y de sombras fugaces que se movían dinámicas entre el resplandor encarnado.

Y todo este dosel de colores ocurrió debajo de mi casa, allí enfrente, en el Eurosol. Al terminar, cuatro pasos, cinco pisos y directito a la piltra, que según cuenta mi chica, fue llegar, dejarme caer y comenzar a resoplar gruñendo a lo jabalí, sacando la fiera indómita que llevo dentro. Después, todo el fin de semana para encontrar la salida. Ahora comienzo a ser persona, que ya lo comentó esto en petit comité el gran Heraclítoris el efesiano, que si no quieres polvo, no vayas a la era.


1 comentario:

ChocoLatina Blog dijo...

Aquí, desde mi lecho de gripe, te digo mi Xavito.
Yo también me lo pasé genial, entre chispas nocturnas y gotas de sal, entre baños sorpresivos y bocatas de calabacines del huerto. Rodeada de amistad y buenos compañeros.
Quiero más.
La insaciable