viernes, junio 23, 2006

Angelitos que se guardan

Durante la variada cena de anoche, comentábamos con Xavito que la mayoría de gente que nos rodea, son ángeles. Pero cabe una aclaración, les aplicamos el término ángeles no por su inmaculada pureza o porque de pronto les crecieron alas, NO. Les llamamos así, porque no tienen sexo.

Quiero que quede muy claro que cuando digo sexo, es literal. Hoy escribí un correo al marido de una amiga pidiéndole unas fotos, y un favor especial, que era entretenerla para que llegue más tarde al trabajo mañana. Entonces como idea le propuse que le hiciera el amor y de esa manera estaría entretenida.

Su respuesta, muy graciosa por cierto, fue que no hacen el amor desde 1984. En este caso no creo que se trate de una pareja de muñequitos con alas, sino que es parte de una respuesta en broma, pero en muchos otros casos el sexo es escaso o nulo.

Yo, cuando hablo de sexo, soy muy suelta, no suelo esconder nada, puedo decir abiertamente lo que me gusta, modestamente casi todo, sin que se me trabe la lengua o un tono rosado furioso invada mi cara. Desde pequeña mi mamá, Olguita, me explicó con pelos y señales lo que significaba tener relaciones sexuales.

Mi primera vez, fue muy bonita, no tenía miedo, sólo curiosidad y muchas ganas. Con mi novio veníamos postergando el gran acontecimiento por cumplir normas de sociedad, pero en realidad desde el primer beso la llama estaba encendida. Después de aquella tarde noche de albergue transitorio, llegué a mi casa y se lo conté a Olguita. Lo más bonito de mi experiencia fue la conversación con ella. No puso caras raras, no manifestó enojo, sólo me pregunto si él había sido dulce conmigo y si me lo había pasado bien.

Considero que todas las primeras veces son el punto que nos marca. Tengo muchas primeras veces, no hablo de sexo solamente, sino de experiencias que me daban curiosidad y que antes de pasar por ellas me parecía tener al planeta tierra cargado al hombro.

Mi primera vez como camarera me dejó señal en la cabeza, un sello distintivo con letras grandes, SUDACA, y un posterior recelo a volver a pisar aquel chiringuito de playa que me vió llegar con muchas ilusiones y poca pretensión. Tan poca, que lo único que se me ocurrió pedir, despues de un mes trabajando catorce horas por día, sin descanso, sin sábados ni domingos, fue una jornada de descanso para poner los pies en remojo y comenzar nuevamente con el cuerpo fresco y reposado.

La respuesta de este buen señor, rezongón, de frases por encima de cincuenta decibelios, fue que si quería un día feriado, a partir del día siguiente me tomara todos los que quisiera, porque a mí no me quería más en su chiringo. Sumó otras frases célebres como que estaba cansado de Sudacas que venían a robarle y a quitarle el puesto a los españoles.

Pienso que entre toda esa sarta de pelotudeces, se olvidó decir que él contrataba extranjeros para no pagar la seguridad social, porque su esposa labura en el ministerio de trabajo y porque el dinero black le supuraba por las orejas.

2 comentarios:

askerrit dijo...

Ju, ju, ju...me acuerdo ahora de hace un par de años a los borregos españolazos diciendo aquello de -"cuidado con los rumanos, que hablan tres o cuatro idiomas y son superinteligentes... y tal y cual"-. Se estaban autoconvenciendo de que una super-raza de seres de un nivel intelectual cuasi-alienígena iban a invadir la piel de toro y a quitarles los puestos de trabajo, hundirles en la miseria, violar a sus hijas y sodomizar a su prole (además de robarles a los perros, gatos y mascotas exóticas y sustituirlos por zarigüeyas, murciélagos de Transilvania o koalas rumanos que los hay... creo).

Nada más lejos de la realidad, la mayoría de emigrantes vienen, curran y se vuelven a su país horrorizados y/o despavoridos. ¿Quién va a rechazar a un trabajador español?, no se quejan, carecen de orgullo propio y puedes hacer con ellos cuanto te plazca (con la mayoría, no con todos eh).

Tu ahora ya tienes un curro normal y una vida normal y el tío del chiringuito allí seguirá, con algún trabajador nacional que le llenará de orgullo... o no.

ChocoLatina Blog dijo...

Tenés razón, de todas maneras el empleador de malos modales aún no puede salirse del vicio de almacenar chokorocks y despotricar contra los que le sirven gintonics y bocadillos en su chiriempresa.
Un explotador y solo eso.