jueves, julio 13, 2006

Pinga de burro

La nevera está abarrotada. Con esto de la dieta no hay huecos entre los estantes y un caótico desorden impera en la república de los tomates y las sandías. Buscando una manzana entre la maleza y unos paquetes de queso se ha desmoronado una montaña de pepinos desmayados que estaban sobre una botella de agua; apareció al fondo, debajo de un cogollo de lechuga un huevo solitario mirándome fijamente a los ojos. Cuando llegamos aquí establecimos la norma de no hacer grandes compras para no subir demasiada carga por las escaleras. Tengo la impresión que llenamos el carrito del super de litros de cosas lights que al final pesan más que las normales porque les añaden un quince por ciento gratis. Caldo de pollo, de verduras, de pollo con verduras, zumo de naranja, de mandarina, de pomelo, de tomate, agua; verduras para hacer caldo casero, carne para hacer caldo casero, gazpacho; frutas para el verano, melocotones, peras, nectarinas, melón, sandia, manzanas. Compramos como si fuéramos cinco ante el anuncio de una guerra inminente. Pero la dieta sigue en pie a buen ritmo. Yo la llamo la sinpan, porque lo único que no tomo es eso. El resto no me preocupa ya que sin el bocadillo no me apetece tanto comer y limito mis ágapes al mínimo. Ayer la Veranito preparó unas berenjenas escabechadas con una receta de su madre que huele a gloria bendita. Allí están apretaditas en su botecito de cristal enterradas en aceite de oliva esperando que llegue mañana para quebrar la dieta y montarme un sanguchito de verdad. Al menos eso es lo que ella me ha contado que puedo hacer con semejante manjar. Aguantaremos estoicamente sin abrirlo. De vez en cuando lo destapo y aspiro el aroma para motivarme.

Vamos pasando la semana sin el internet, que estos cabritos de Ya.com nos tienen hartos. Los mandaremos a cagar y punto. ¿Caeremos en las redes de Timofónica? La cosa está pintando mal y nos quedan pocas salidas decentes, pero es que ya llevamos dos meses esperando el servicio.

Como no escribímos nada durante esta semana no comenté la cena argentina del sábado pasado en casa de Pepe y Emilia. Prepararon solomillo, entrecotte y chorizo de origen a la brasa, con un vino de Luis Cañas espectacular y Veranito preparó en casa unas empanadas al hojaldre de carne y humitas, rellenas de choclos (maiz) con bechamel. En realidad las sudó en el horno de la cocina, el sábado a la tarde mientras yo dormia a pierna suelta al fresco de la terraza. Conocimos a Miguel y Uli, un maño y una sueca vecinos de la urbanización donde vive mi socio en La Vall. Él es pintor y músico jubilado. Estuvo de ayudante de Pablo Picasso en su castillo de sur de Francia en los años sesenta y luego marchó a Paris. Nos contó anécdotas de su rica vida. Ella es sencillamente genial. El pelo como una escoba de Vileda y los ojos dos canicas de aguamarina trasparentes. Se puso a llorar con el tango que le obsequió Verito. La compraremos y nos la llevaremos a casa.

Este martes Eva me dió los papeles de mi divorcio oficial. Estuve un rato hablando con ella y se despidió llorando. Siempre ocurre lo mismo y me quedo con la piel vuelta del revés y el pensamiento en zozobra. Resulta difícil de superar porque un calambre de culpa recorre mi espinazo al verla en este estado después de casi tres años. Luego estoy una semana para recuperar mi alma albototada y volverla al sitio. Pienso que las personas no deberíamos hacer responsables a los demás de nuestras desdichas ni de nuestros aciertos. Dentro de nosotros está el germen de la felicidad, o de la eliminación del dolor. Como diría Bucay, solo existe el presente inmediato; ni el pasado ni el futuro. La vida es demasiado corta para buscar culpables y hundirmos en la ciénaga de la nostalgia, la tristeza y la melancolía, aunque como diría aquel, nadie ha muerto nunca de este mal. Yo, he de reconocer, que en mi debilidad, caigo a veces de bruces en estas charcas, pero a base de bregar salgo para la orilla y vuelvo a pisar terreno firme, que si no arribo la Vero me dice que me pegará una patada en el culo y me tirará de casa volando por el balcón para buscarse un negro con la pinga de burro y con eso no puedo competir de tú a tú (no tenemos las mismas armas).

Ahora venimos de tomar un baño en el lago que es nuestra playa, hemos cenado y estábamos tumbados en la terraza. Tengo a la xiqueta protestando envuelta en un toallón, que quiere ir a la pieza a dormir (ya lo está haciendo aquí también, pero quiere cambiar de postura con un libro de filosofía sobre la panza).

1 comentario:

Vicente dijo...

En esas charcas nos vemos a veces ;). Pero efectivamente se sale a flote. Además, ¿cómo apreciariamos realmenta la felicidad si no hemos conocido la infelicidad? Esto es sin Yin y el Yang, no puede existir uno sin el otro.
Yo no me preocuparia por lo de la pinga de burro. Yo tengo pinga de burro y la vida me trata igual, no ligo más por eso. Aunque estoy pensando sera... pinta de burro..., da igual.